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EL TRANVÍA

tranvia copy

Foto: Tranvía 3 -hasta Cabral- Cedida por Carlos Avendaño.


Duración en la ciudad de Vigo: 1914-1968

Este medio de transporte fue muy importante, especialmente para los trabajadores de las grandes industrias de la ciudad, generalmente ubicadas en el extrarradio, por tratarse de un servicio económico, que llegaba a todos los barrios periféricos con relativa rapidez.


Líneas urbanas.

En 1915, aunque había 7 lineas, nos vamos a centrar en las dos que recorrían la zona del Calvario:

Línea número 1: Pereiró-Calvario (en el rótulo del tranvía figuraba la cifra en negro sobre distintivo blanco). Paradas: Pereiró-Molino-Cataboi-Travesas-Hospital Militar-Peniche-Villa Luz-Picacho-Porta do Sol-Urzáiz-Casa Blanca-Calvario.


Línea número 3: Rieira-Cabral (la cifra era amarilla sobre distintivo rojo). Paradas:Ribeira-Mercado-Victoria-Urzáiz-Casablanca-Choróns-Calvario-Seixo-Pardavila-Granxa-Cambeses-Cabral.

En este año había una tarifa uniforme en todas las líneas de díez céntimos para los viajeros que recorrían una o dos secciones o paradas consecutivas y quince céntimos para los que recorrían más de dos secciones o paradas. Las tarjetas de abono para escolares, sin determinación de horas ni limitación de viajes costaban ocho pesetas al mes. Los abonos trimestrales, dependiendo del recorrido, tenían los siguientes precios:

Tranvía calle UrzáizTrayectos de 10 céntimos--------------- 18 pesetas.

Trayectos de 15 céntimos--------------- 32 pesetas.

Trayectos de 20 céntimos--------------- 46 pesetas.

Trayectos de 25 céntimos--------------- 58 pesetas.

Trayectos de 30 céntimos--------------- 70 pesetas.

Trayectos de 35 céntimos--------------- 80 pesetas.

El nivel de estas instalaciones más alto que la carretera, y para mayor seguridad, estaba vallado con fuerte tela metálica. El suministro de la enegía eléctrica era por la sociedad gallega de gas y electricidad y en momentos puntuales la propia compañía de Tranvías que había adquirido motores diesel, se autoabastecia en la ciudad para mantener la tensión a 600 V.

Todas las líneas de tranvía pasaban por el cruce de Colón excepto la línea nº 4 que circulaba por el Arenal. El paso de los tranvías por la calle Príncipe fue suprimido en 1932.

Los tranvías estaban pintados de blanco, y los pasajeros accedían a ellos por la puerta trasera, donde estaba el cobrador, que también vigilaba, a los que, para no pagar, se colgaban de los estribos y topes. Algunos de estos, por broma, tiraban de la correa del trole y cortaban el suministro de la electricidad, para desesperación del conductor que veía como el vehículo se quedaba sin energía e incluso, sin freno eléctrico.

Contra estos gamberros, el arma del cobrador, era arrojarles arena, del depósito situado a la izquierda de los mandos. Esta arena, la llevaba para echarla a las vías, cuando por razón de pendiente o humedad, el tranvía perdía agarre. No olvidemos que en Vigo hay muchas cuestas.

Casi todos los recorridos urbanos tenían doble via. Las terminales de línea eran de una sola vía (Chapela, Cabral y Pereiró), pero en algunos tramos se desdoblaba en un corto trayecto para hacer los cruces de los tranvias que regresaban.

En 1933 se produce una huelga que dura catorce días y que provoca que los servicios queden totalmente suspendidos. Otro hecho que va a dejar su huella en la vida de la ciudad es el desgraciado accidente que tiene lugar el 27 de Noviembre de este año y que tuvo como consecuencia el descarrilamiento del tranvía en el origen de la calle Lepanto, con resultado de tres muertos y cuarenta y dos heridos. Se trataba de un tranvía especial de la línea número tres que se dirigía a Bouzas, en aquel momento llevaba más de un centenar de pasajeros casi en su totalidad obreros pertenecientes a las factorías instaladas en el trayeco Peniche-Bouzas. El "Pueblo Gallego" del día siguiente nos relata el accidente con todo detalle: "...Despúes de la parada de los Llorones, el conductor tomó la fuerte cuesta con el coche abarrotado de pasajeros. Entonces, faltó la fuerza eléctrica y todos los coches de la línea se detuvieron. El que venía con dirección a Vigo hizo lo mismo. Sus ocupantes, temerosos de no llegar a tiempo a su trabajo, rogaron al conductor dejar deslizar el coche, ya que hasta la plazoleta de Colón, la cuesta favorecía la petición... fallaron los frenos y el automotor se precipitó vertiginosamente con dirección a la entrada de la calle Urzáiz... El automotor (que era un pesadísimo coche de ocho ruedas de los conocidos como "siboneys") perdida su estabilidad, se inclinó en la confluencia con la calle Lepanto como si fuera a volcarse. Sin duda la velocidad obligole a enderezarse, yéndose en aquel momento la parte posterior hacia la acera, chocó contra un castillete de electricidad, derribándolo. A la altura de la casa número 49 de la calle de Urzáiz, a la que destrozó unos machones de piedra, el coche volcaba convirtiéndose en un montón de astillas".

Durante los años que duró la Guerra Civil no había aceite lubricante, que era necesario para la palanca de cambio de vía y el suministro de electricidad era deficiente, con continuos cortes de energía, por lo que el tranvía estuvo a punto de desaparecer.

A partir de los años 40 se instauran las nueve líneas que perdurarán, con ligeras modificaciones, hasta la desaparición de los tranvías en nuestra ciudad. Sube el precio del billete y se crea la tarifa única de 25 céntimos. El bono trimestral asciende a 22 pesetas y funciona un servicio nocturno que cuesta el doble que el billete normal, 50 céntimos. Las salidas del centro de la ciudad hacia el extrarradio eran a la una y media de la madrugada.

Las líneas que recorrían la zona del Calvario eran:

Línea 3: Cabral-Ribeira.

Línea 5: Bouzas-Seixo (actual Ramón Nieto).

Línea 7: Ribeira-Seixo (actual Ramón Nieto).

Línea 8: Travesas-Seixo (actual Ramón Nieto).

Imagen del interio de un tranvíaJoaquín Diz Tato, en la revista "O Tranvía", escribe una crónica en la refleja la importancia que tuvo el tranvía para toda esta comarca: "El primer tranvía salía de O Porriño a las cinco de la mañana. Los viajeros, en su mayoría eran lecheras y panaderas que iban a vender sus productos a Vigo, empleados de la Fábrica de Cristal (Factoría Álvarez) y vecinos de Cans que llevaban piñas y sacos de leña para vender en Vigo. En aquel mundo sin prisas, viajar en tranvía era un placer. La hora y tres cuartos o dos horas que duraba el trayecto, daba tiempo para todo: dormir la siesta, hacer nuevas amistades, tomar una chiquitas con el conductor y el cobrador en las "paradas técnicas", e incluso, echarse novia..."


También es interesante el relato personificado del tranvía escrito por Juan Carlos Martínez de "Un Tranvía llamado 3" que nos hace transportarnos, a través del tiempo, a uno de los tranvías que recorría la zona del Calvario:

"Olía a pescado y leche cortada, a brea y sudor. Y también, dependiendo de la hora tenía su estética. El 3 madrugador era delgado, limpio y agil. El 3 tardío era sucio y gordo, cargado de racimos humanos que desbordaban su capacidad. Cuando subía Colón lo hacía con desgana. Sabía que le esperaba un recorrido empinado hasta llegar al Calvario. Ni siquiera el falso llano de la desembocadura de Príncipe levantaba su moral. La calle Urzáiz, de aquellas José Antonio, se presentaba como obstáculo casi insalvable.

Entonces, como toro herido, afrontaba la cuesta con un quejumbroso gemido que no abandonaría hasta mucho más arriba. Dejaba a su derecha la Gran Vía, calle que, por cierto, sólo conocía de vista, se santiguaba al pie de las Siervas de Jesús, despedía a alguien en la estación y continuaba hacia las Casas de Pernas donde se reconfortaba con el aroma de buen café que salía del Bar León.

Cuando por fin llegaba a Los Llorones lo hacía agotado. Parece ser que en tiempos había en el lugar que hoy ocupa Vigo Öptica, una caseta de arbitrios en donde los propietarios de todo tipo de vehículos con carga tenían que pagar su cuota. El tener que llorarle al funcionario de turno dió nombre al lugar. Pero nuestro tranvía no estaba para pensar en esas cosas. Se sentía feliz descargando parte de su pasaje que se perdía camino de El Pino, Riomao o Barrio de Rivadabia. Su parada aquí era algo más larga. Recuperaba el pulso entreteniéndose escuchando las tertulias que la señora Carmen, la frutera del quiosco de madera, tenía con sus clientes o se quedaba embobado con la última moda que, enfrente, ofrecía el comercio de A. De Anta.

Una canción de Los Panchos, acompañada por la guitarra de un peluquero unos metros más arriba, daba tono al momento. Cuando la voz cavernosa del cobrador soltaba aquel: "¡Vamossssssss!" interminable, el tranvía echaba pecho para hacer un último esfuerzo por llegar al Calvario. Y aquí el 3 era feliz. No porque los raíles recorrieran zona llana, no, era otra cosa. Eran otras gentes. Era otro mundo. Nuestro 3 respiraba hondo pues le gustaba el olor que sólo allí podía percibir. Era un olor difícil de definir porque no llegaba por el olfato sino por los sentimientos. Cuando podía, nada le gustaba más a nuestro 3 que contemplar a los mil personajes de la acera: el vendedor de lotería, el del tabaco, el limpiabotas...

Y por último como puerta de salida, la Cafetería Alaska. ¡Qué grande y bonita le parecía a nuestro 3! Un auténtico punto de referencia. Un nuevo "¡Vamossssssss!" obliga al 3 a abandonar nuestro barrio. Más adelante saludará a los soldados de Barreiro, le hará un guiño a don Moisés Álvarez y por fin, llegará a Cabral".


 Tranvía Calvario a Bouzas

En 1947 ante la variedad de tipos de tranvías que circulaban por Vigo, se intenta unificar la fisonomía externa y se inician las reformas de los coches antiguos adaptándolos a las carrocerías tipo Vigo. Se les prolonga el bastidor y se aumenta la capacidad de treinta y ocho (dieciocho sentados y veinte de pié) a cincuenta y cuatro pasajeros (dieciséis sentados y treinta y ocho de pié), el enganche es artículado, con doble estribo y el piso cubierto de linóleum.

En el año 1964, el ayuntamiento de Vigo, con el nuevo alcalde D. Rafael Portanet, empieza a pensar la idea de suprimir los tranvías en el centro urbano, sustituirlos por autobuses y dejar a un lado las proyectadas líneas de trolebuses.

Con la decisión municipal de sustituir el servicio público por otro que iba a desempeñar la empresa autobuses Vitrasa, se cierra una etapa de cincuenta y cuatro años de actividad. El 31 de Diciembre de 1968 hizo el último viaje sin retorno el tranvía en nuestra ciudad. En sus cristales, una triste y amable despedida:

"Informamos a nuestros distinguidos clientes y al público en general que, desde la media-noche del 31 de este mes los servicios por tranvía que efectuamos por nuestras líneas cesarán completamente. El anunciar esta triste medida, la cual es totalmente extraña a nuestros deseos, esta Compañía desea expresar públicamente -al público de Vigo, al cual hemos servido durante más de cincuenta años- la gratitud por el amparo que durante este largo periodo dio hacia los servicios de tranvía, una gratitud que aún debe ser más extensa hacia aquellos usuarios que hasta el fin nos favorecen con su elección. Una señal de afecto por nuestra parte" Vigo, 26/12/68. La Compañía.




Fuentes: Departamento de Patrimonio Histórico do Concello de Vigo, 1994. Inédito.; www.infortastierra.com/fogar/tranvias.htm

Fotos: casaarquitectura.blogspot.com; de JVC. 1969